lunes, 29 de enero de 2007

Días aburridos

Alunada
la estrellas juegan con el agua
de mi cuerpo
(((la bilirrubina)))

Siempre gustaste de felinos
siempre anduviste tras aislados
nunca antes llamó tanto la piel.

Los mamacos salieron ya de comer muertos.

Y ese qué es?
es chocolate y tierra?
es secreto en el tercer plano?
es violín? es acordeón?
es expansión en el pecho?

Quiero robar llaves y ayudar al vecino
dejar de ver la piel de quien se saque la chompa
correr a los brazos de una sonrisa.

Saliba
saliba
saliba
en el otro patio
suenan los colores
y saben los vientos
... y los ishapayados no reaccionan.

Llévatelas




No te arranqué de mi piel y me quedé con las marcas
YO
MUDÉ
DE PIEL
como las serpientes...


Y te dejé por alguna parte en mi camino
NO
SUELO
VOLVER
hacia mis pasos ....

Porque sobé mi cuerpo contra piedras frías
también
tatué
palabras
en mis OJOS


TRANSFIGURÉ
(pero
ahora
para avanzar
...-..-..me arrastro..-..-...)


sábado, 20 de enero de 2007

Mr. Quinientín

No se puede evitar el luto. Mr. Qunientín se sentaba todo el caluroso día a beber del trago más barato, mientras a sus hijos les daba de comer la gente del "barrio". Su casita, su terrenito, sus frescas habitaciones de barro eran testigos del deterioro mental de su hijo mayor y de la desidia de su padre ... Claro, no siempre fue así, hubo un tiempo en que fueron una familia completa.
Redimira, una señora de la que copié una escandalosa risa era el sostén de la familia, trabajadora, sudorosa, desdentada y otra vez trabajadora; llevaba a su hijos al colegio sin bañarlos. La niña mayor: Rudith, amiga inseparable de su vecinita, una niñita tímida, acomplejada, temerosa ... Y sola, que peleaba todo el día con su abuela. Rudith tenía mucho carácter para su edad, era la mayor y yo le reglaba juguetes, aunque a veces se tomaba la libre atribución de llevárselos sin preguntarme antes. Era una familia como mi familia, su casa estaba al lado y sólo la separaba un cerco de alambrado bastante violado. La tierra húmeda fue nuestra cuna; el calor, nuestro aliciente. Rudith, Saúl y Royer; sucios como nunca me hubieran dejado estarlo, eran los compañeros de las ficticias balaceras en los yucales, mangos y demás huertas ajenas. Siempre sudorosos todos, juegando felices. Por esa época aún estudiaban, mi abuela les tomaba la lección con nosotros, comían con nosotros, se bañaban con nosotros. Mi casa les parecía un palacio.
La señora Redimira se fue un día, con Rudith ya adolescente y no regresaron. Mr. Quinientín era ya un alcohólico. Tiempo después, las lagunas mentales de Saúl, que antes eran motivo de risas, agudizaron. Saúl convulsionaba. Epilepsia. Lo vimos caer al piso y moverse como una vívora. Saúl y Royer fueron entonces el Chavo, ambos. Y Mr. Qunientín, se sentaba en su vereda de barro, a tomar 2 soles de licor, sudoroso, siempre borracho y perezoso. Botaba la comida regalada por no cocinarla. Los chavos en pantaloncitos rotos y sin polo, comiendo siempre en la casa de otros, del "barrio".
Yo dejé mi casa ... Regresé. Saúl caminaba sin rumbo por la calle, calato. Royer trabajaba en un vivero del barrio. Saul se subía a los árboles llorando, diciendo ... incoherencias? Royer, lo bajaba. Su padre estaba más flaco que los perros bagabundos, ebrio siempre, todo el día sentado, tomando 2 soles de quinientín. Su amigo bebedor había muerto de borracho no mucho tiempo atrás. El señor de la tienda no dejó jamás de venderles licor. Yo me fui nuevamente.
Hace unos días, el señor Lorenzo, Mr. Qunientín, murió por borracho. Días después que Saúl intentara matarse por vez número "cuchumil". Los chavitos están solos ahora.
Yo voy a regresar, a sudar en la tierra húmeda. En qué andaran entonces.
Foto: Diana Luz Quinteros

miércoles, 3 de enero de 2007

Primera aleteada de Icaro

Hombres prudentes que os reiréis de mi locura: Yo soy Icaro,
el poeta, el loco, el suicida.
Prudentes hombres que
aún compadeciéndose,
alebaréis la justicia de mi castigo: sabed que más allá
de los montes colosales que duermen
su sueño de titanes;
más allá de los mares procelosos que intentan
alzarse a las alturas;
más lejos que las nubes y todas las estrellas,
se encuentra el infinito
como una luz celeste sin forma ni confines.
Y jamás lo veréis, hombres prudentes.
Más allá del fuego llameante de los astros,
se encuentra la belleza,
tan infeble como la música del vuelo de una bandada de aves.
Pero vosotros jamás lo veréis.
Más lejos que lo sueños de los más visionarios
está la libertad.
Mis labios moribundos se llevarán su nombre...
Monserrat Álvares, Icaro.
La perfecta forma de iniciar esta condena. Seré suicida?, seré poeta?, seré libre? ... Importa? Doy la primera aleteada para ganar perdiendo.